Khamlia es una aldea desértica situada en el sureste de Marruecos, a unos 7 km de Merzouga, un pequeño pueblo conocido como “la puerta sur del desierto”.

Fue fundada alrededor de 1950, cuando algunas familias Gnaoua que vivían en el pueblo de Taouz se trasladaron a esta zona. En aquellos años era una tierra fértil con agua abundante, y estaba además a pocos kilómetros de las minas fósiles, donde los hombres del pueblo podían trabajar. Desde los años 80, la creciente desertificación trajo una sequía que todavía perdura; aunque hay aguas subterráneas que permiten cultivar, es una actividad muy limitada que no basta para la subsistencia de toda la población.

Hoy Khamlia está habitada por unas 400 personas de etnia Gnaoua, originarias de África central y del sur, y unas 50 personas de origen nómada o de pueblos vecinos: en total, 54 familias.

La majestuosidad de Erg Chebbi hace de este un lugar muy atractivo para el turismo, que se ha convertido en la principal fuente de ingresos de la aldea. Aunque toda la comarca progresa gracias al turismo, sigue siendo una región muy postergada desde el punto de vista económico. Buena parte de la comunidad trabaja en otras poblaciones cercanas, sobre todo en el campo. Las mujeres apenas tienen salidas laborales fuera del hogar y la mayoría no tuvo la oportunidad de ir a la escuela, aunque conservan un enorme conocimiento artesanal y muchas ganas de prosperar.

La población es musulmana y se rige por un principio de autogestión: la comunidad establece sus normas mediante el diálogo y la autoridad de un consejo formado por los hombres de la aldea, que procura resolver los problemas por consenso, sin una autoridad única que imponga su criterio.

Gastronomía

En Khamlia se cocina de muchas maneras distintas. El cuscús —una sémola muy fina de agua y harina, con verduras como zanahoria, berenjena, tomate, nabo o garbanzos, y a veces pollo o ternera— es tan tradicional que casi todas las familias lo preparan y lo comen los viernes. El tajín, un guiso de verduras con un poco de carne cocinado lentamente en un recipiente de barro, es otro plato habitual. La sopa harira, a base de harina, agua, tomate, garbanzos, nabo, cebolla, berenjena y una verdura local llamada khodra, se toma por las mañanas de invierno, por las noches de verano, y también en el ftour durante el Ramadán.

El pan se sigue haciendo de forma muy tradicional: las mujeres lo amasan por la mañana con harina y agua, le dan su forma redonda característica y lo cuecen en el horno de adobe del pueblo. Y aquí también tenemos nuestra propia pizza bereber, el aghrom nelhchi: una base de pan rellena de patata, zanahoria, cebolla, especias, carne y huevo, que se cierra con la misma masa y se cocina al horno.

No puede faltar el té, también llamado “whisky bereber”: una infusión de una hierba local llamada ifraoun, a veces con menta, que se calienta con agua hasta hervir y se endulza con azúcar. Se toma tres veces al día —por la mañana, sobre las cuatro de la tarde y antes de la cena— y siempre que llega una visita. Una vez al año se celebra también la Fiesta del Cordero (el 10 de Dolhija del calendario islámico, con una duración de tres días): el primer día se sacrifica el cordero, que se cocina esa misma noche; el segundo día se cocina la cabeza con habas; y durante esos tres días apenas se come otra cosa. También se celebra cada año una fiesta muy especial para expresar la alegría de ser libre, la Sadaka.

Artesanía

En la asociación de mujeres de Khamlia, ellas trabajan cinco tardes a la semana cosiendo y aprendiendo a coser las telas típicas bereberes: alfombras, pantalones, vestidos, manteles, cojines, artículos decorativos, velos... Cada año, del 25 de diciembre al 3 de enero, se organiza “El Taller de las Mujeres”, donde muestran y venden sus creaciones a los turistas. Al terminar la exposición celebran una fiesta con cuscús, carne y pizza bereber, bailando música tradicional Gnaoua y bereber.